El Astro Nocturno

El Astro Nocturno enlaza con las novelas anteriores en la copa de poder, y en esa contraposición de Norte Sur característica de toda la serie.  Si habíamos  iniciado una serie de novelas acerca de los godos, había que acabarla con la invasión y destrucción del reino visigodo en menos de tres años.

Siempre me atrajo la teoría – nunca del todo verificada – que Tarik, el conquistador de Hispania, procedía de un origen godo. Los personajes en los que se mezclan las razas suelen catalizar mundos diversos. De ahí, el personaje de Atanarik, un individuo de origen godo y bereber, que herido por el desprecio y una acusación injusta es capaz de aunar a las tribus del norte de Africa para conquistar la Hispania Goda.

La resistencia del caído reino visigodo en las montañas cántabras y pirenaicas me pareció un tema apasionante. La figura de Belay como dirigente que mantiene la herencia recibida de siglos pasados frente al poder islámico, tenía que enlazar de algún modo con Jana y Aster, los iniciadores de toda la trilogía.

El noble visigodo Atanarik recorre el norte de África buscando tropas bereberes para iniciar una campaña contra el corrupto reino de Toledo.

Recuerda su huída de la corte, perseguido por un asesinato que no cometió y acompañado por una sierva vascona, Alodia, a la que tiempo atrás había rescatado de un sacrificio infame. Más tarde, tras la caída del reino, en las montañas de Vindión, un antiguo gardingo real se levanta, a la cabeza de sus fieles, contra el gobernador Munuza. Entretanto, en el Pirineo, la población vascona se enfrenta al nuevo poder opresor. En medio de las guerras y la intriga política, la historia de amor de la sierva Alodia hacia el noble visigodo Atanarik se va desarrollando como un río de paz en un momento caótico de la historia de la península Ibérica.

Geografía en la cual está inspirada la novela:

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